Vivir con ataques de pánico es una experiencia que puede resultar tremendamente abrumadora: el corazón late con fuerza, la respiración se acelera, parece que todo se desmorona de golpe. Muchas personas sienten que “pierden el control” o que algo grave les va a pasar. Pero hay buenas noticias: la terapia no solo puede ayudar a reducir la intensidad y frecuencia de los ataques, sino también a transformar la relación con la ansiedad.
Soy Micaela Amengual, psicóloga especializada en salud emocional en Barcelona, y he acompañado a personas que han vivido estos episodios. Lo que he visto una y otra vez es que la terapia funciona cuando se combina con comprensión, herramientas prácticas y compromiso. Este artículo está pensado para ti o para quien quiera saber cómo la terapia puede ser un camino real hacia el alivio.
¿Qué es un ataque de pánico?
Los ataques de pánico son episodios intensos de miedo o malestar abrupto que alcanzan su punto máximo en pocos minutos. No tienen que estar asociados directamente a un peligro real, pero producen reacciones físicas muy reales.
Síntomas comunes:
- Palpitaciones, taquicardia
- Sudoración, manos húmedas
- Sensación de falta de aire o asfixia
- Temblores, tensión corporal
- Mareo, sensación de inestabilidad
- Miedo a perder el control, morir o volverse loco
- Náuseas, malestar estomacal
Estos síntomas suelen aparecer de repente, sin aviso, lo que potencia la angustia. Y muchas personas describen también una preocupación anticipatoria: “¿cuándo vendrá el próximo ataque?” o “¿qué pasa si no puedo manejarlo?”.
3 causas frecuentes de los ataques de pánico
No existe una única causa; los ataques de pánico suelen ser el resultado de la interacción entre varios factores:
- Factores biológicos: predisposición genética, desequilibrios en neurotransmisores, sensibilidad al estrés corporal.
- Factores emocionales y psicológicos: experiencias traumáticas previas, estrés crónico, rumiaciones, temor a lo desconocido.
- Factores contextuales: cambios de vida importantes, falta de apoyo social, ambiente laboral o personal tóxico, consumo de sustancias que aumentan la activación fisiológica.
En consulta, observo que muchas personas con ataques de pánico tienen una combinación de estos componentes: cuerpo reactivo, emociones contenidas, exigencias propias muy altas, poca tolerancia a la incertidumbre.
¿Cómo se vive un ataque de pánico desde dentro?
Aunque cada persona lo vive de forma distinta, hay patrones que se repiten y que pueden ayudar a reconocer lo que sucede:
- La sensación de que el cuerpo está en “modo emergencia”
- Pensamientos catastróficos (“me voy a morir”, “me estoy volviendo loco/a”, “no lo voy a soportar”)
- Reacciones de escape o evitación: por ejemplo, evitar lugares donde ocurrió uno, o evitar actividades que puedan desencadenar síntomas.
- Después del ataque, intensa preocupación por el siguiente episodio, lo que añade tensión constante.
Estos componentes alimentan un ciclo en el que el miedo al ataque puede volverse tan fuerte como los propios síntomas físicos.
Terapia psicológica para ataques de pánico: ¿cómo funciona?
La terapia es una herramienta muy potente para interrumpir este ciclo. Aquí te explico cómo suele estructurarse y qué puedes esperar:
1. Evaluación inicial y vínculo terapéutico
Lo primero que hago con quien acude en consulta es escuchar su historia, sus experiencias de pánico, cómo afecta su vida, qué ha intentado ya. Esto permite establecer un vínculo de confianza, fundamental para trabajar.
2. Psicoeducación
Es vital entender qué es un ataque de pánico, qué lo activa, cuál es la respuesta fisiológica del cuerpo, cómo los pensamientos contribuyen a amplificar el miedo. Saber ayuda a reducir la culpa o la confusión.
3. Técnicas de exposición gradual
Esta técnica consiste en enfrentarse progresivamente a lo que genera miedo, en espacios seguros y con apoyo terapéutico, hasta que deja de desencadenar tanto malestar. Puede ser exposición interoceptiva (provocar sensaciones físicas parecidas al pánico, para desensibilizar) o exposición a lugares, situaciones, pensamientos evitados.
4. Reestructuración cognitiva
Trabajar los pensamientos automáticos catastróficos (por ejemplo, “esto significa que estoy perdiendo el control”) para sustituirlos por interpretaciones más realistas y menos aterradoras.
5. Técnicas de regulación física
Respiración diafragmática, relajación muscular progresiva, mindfulness o técnicas de atención plena, para ayudar a bajar la activación fisiológica.
6. Prevención de recaídas y autocuidado
Aprender señales tempranas de alarma, construir un plan personal, reforzar hábitos saludables, dormir bien, alimentación, ejercicio, apoyo social.
En mi experiencia, las personas que más progresan son las que aceptan que la ansiedad no desaparece mágicamente, pero sí se puede aprender a manejarla con herramientas que entrenan la mente y el cuerpo día a día.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Algunas personas esperan demasiado, lo que agrava el malestar. Estos son indicadores de que es recomendable acudir a terapia:
- Los ataques de pánico ocurren con frecuencia, sin que puedas anticiparlos ni controlarlos
- Interfieren con el funcionamiento diario (trabajo, estudios, relaciones)
- Hay evitación persistente de lugares o situaciones por temor a un ataque
- El miedo anticipatorio (preocupación constante por si ocurre) domina gran parte del pensamiento
- Síntomas físicos intensos o risk behaviors que agravan el estado emocional
Buscar ayuda profesional no significa ser débil; es un acto de cuidado personal. En terapia se crea un espacio seguro para trabajar esos miedos, comprenderlos y reducir su poder sobre tu vida.
Recuerda, los ataques de pánico pueden resultar aterradores, impredecibles e intensos. Pero la terapia ofrece un camino hacia la recuperación. No prometo que el miedo desaparecerá de golpe, pero sí que puedes aprender a vivir con más control, con menos ansiedad, con más libertad.
Desde mi experiencia como psicóloga especializada en salud emocional, he visto cómo las personas pueden recuperar su bienestar, sentirse menos atrapadas por la ansiedad y redescubrir la tranquilidad. Si estás viviendo ataques de pánico, no tienes que afrontarlos solo/a: la ayuda existe, y pedirla es un paso valiente que te acerca a una vida más plena.


